Veleros y cruceros

March 2, 2006
El diseño de veleros y barcos en general posee muchos aspectos parejos al diseño arquitectónico. Hay infinidad de diseños y posibilidades. A lo largo de la historia se han intentado imponer fórmulas mágicas de control, y las opiniones han variado desde posiciones conservadoras a otras más abiertas; lo más efectivo siempre ha sido la experiencia y buen ojo para el diseño.

También a lo largo de la evolución del diseño de veleros se ha dado el gusto por proyectos imposibles y fantásticos, llenos de quillas, protuberancias, aerofolios y demás artilugios.
La historia ha demostrado que se partió de naves de crucero, donde primaban esas cualidades de travesía, y pasó por fases intermedias donde crecía cada vez más la importancia de la velocidad, hasta llegar a la situación actual, donde es primordial en muchos aspectos. La eterna cuestión es si un crucero puede ser también un barco de carreras, y en ese intento han invertido su tiempo buena parte de los diseñadores.
Crucero es una manera de vivir más que un deporte. Es sinónimo de navegación agradable, de respuesta amable a la furia del mar, e implica habitabilidad. Debe permitir un entorno para la tripulación que le asegure tranquilidad, descanso y ausencia de balanceos y oscilaciones. El máximo ejemplo se da en el Dorade.
El deseo de velocidad debe equilibrarse con otros aspectos y permitir así el desempeño del barco en todo tipo de mares y climas. Confort, conveniencia y seguridad.
La primera etapa de veleros, partiendo del Jolie Brise hasta el Volunteer, es la llamada de barcos de crucero y competición, o tradicionales. Se parte de un diseño eficaz, y se introducen cambios en el casco, mejorando así las prestaciones de velocidad.
El Wenonah inauguró una serie de veleros de desplazamiento ligero, con poca quilla sumergida y el timón separado de ésta. Los lastres, en forma de bulbo, hacen que sean eficaces para cortas distancias pero inaptos para mar abierto. Requieren buena mar, porque su estabilidad es más reducida. Limitan, por lo tanto, la función.
Fueron muy criticados. Con el paso del tiempo, los yates pasaron a ser una clase distinta dentro de ellos mismos, pues su uso pasó a ser puramente recreativo o de placer. Cambia, por lo tanto, la función. Empiezan a surgir regatas donde la regla única es cruzar primero la meta. Se emplea a fondo la regla física de que los más largos veleros son los más rápidos.
El Flying Fifteen se encuadra en una serie de veleros planos y de competición, con mínima superficie bajo el agua.

DGV

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March 2, 2006
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Lo esencial es invisible a los ojos

February 27, 2006
Y volvió hacie el zorro.
– Adiós – dijo.
- Adiós – dijo el zorro -. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
- Lo esencial es invisible a los ojos – repitió el principito, a fin de acordarse.
- El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.
- El tiempo que perdí por mi rosa… – dijo el principito, a fin de acordarse.
- Los hombres han olvidado esta verdad – dijo el zorro -. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa…
- Soy responsable de mi rosa… – repitió el principito, a fin de acordarse.

El Principito, Antoine de Saint-Exupéry

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Portada de La Latina

February 25, 2006
El Hospital de La Latina fue fundado en 1499 por el general de artillería Francisco Ramírez, con licencia del Papa Alejandro VI, bajo el nombre de Hospital de la Concepción de Nuestra Señora. El apodo por el cual es conocido se debe a que la esposa del general, doña Beatriz Galindo, profesora de latín y Camarera Mayor de la Reina Isabel la Católica, era conocida como “La Latina”.
Atendido por cinco beatas, el hospital tenía capacidad para doce enfermos seglares además de para seis sacerdotes que se situarían en una sala aparte. En 1808, durante la invasión francesa, estuvo habilitado como hospital militar, y en 1860 se creó en su interior una consulta oftalmológica.
Según la tradición fue construido posiblemente en 1507 por un arquitecto magrebí, al que se le conocía como Maese Hazán. Es un edificio completamente ciego, con ventanas minúsculas con agimez (miradores de madera que permiten ver sin ser visto).
En cuanto a la portada propiamente dicha, es gótica, del estilo de Juan Guas. Está formada por una ojiva flanqueada por unos escudos de armas, y sobre la que se sitúa un grupo escultórico que representa a la Visitación.
Juan Guas es el maestro de las portadas, con muchas obras muy afortunadas. Fue arquitecto cortesano de la Reina Isabel, y estaba influenciado por la temática flamenca y mudéjar.
El Hospital de la Latina fue derribado en 1904 para ensanchar la calle Toledo. En 1961 la portada fue colocada en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, montada por Fernando Chueca Goitia.

DGV
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De la elección de hermosos rostros

February 25, 2006

No me parece parco donaire el de aquél pintor que da un aire gracioso a sus pinturas, gracia que, si por naturaleza él no tiene, adquiere por incidental estudio; de esta manera: mira a tu alrededor y toma los aspectos placenteros en muchos rostros bellos, cuya belleza esté confirmada más por pública fama que por tu propia opinión, pues te podrías engañar eligiendo rostros que se asemejasen al tuyo. A veces, en efecto, tales semejanzas nos placen, de suerte que, si tú fueras mal parecido, optarías por rostros nada hermosos y éstos harías deformes, como tantos pintores cuyas figuras se asemejan en ocasiones al maestro. Toma, pues, las bellezas cuál te digo y guárdalas en la memoria.


Tratado de Pintura, Leonardo Da Vinci

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Diferencia entre la poesía y pintura

February 24, 2006
La pintura se te presetna sin demora tal cual por su autor fue engendrada, y tanto placer concede al más noble sentido, cuanto pueda concederlo alguna cosa creada por la naturaleza. Pero el poeta, que ofrece las mismas cosas al sentido común por vía del oído, sentido inferior, no proporciona al ojo un placer mayor que si oyéramos contar alguna cosa. Verás ahora qué diferencia existe entre oír contar una xosa, que al ojo de placer en dilatado plazo, y verla con aquella presteza con que se ven las cosas naturales; y verás que, aun cuando las obras de los poetas son leídas en un largo intervalo de tiempo, muy a menudo no son entendidas. En efecto: es preciso acompañarlas de diversos comentarios, con cuyo concurso en rarísimas ocaciones comprenden los comentadores el espíritu del poeta. Por lo que toca a los lectores, ocurre con frecuencia que no leen, por falta de tiempo, sino una pequeña parte de sus obras, en tanto que las obras del pintor con comprendidas de inmediato por sus contempladores.

Tratado de Pintura, Leonardo da Vinci

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Citas náuticas (1)

February 22, 2006
A joven sur y norte viejo no le fíes tu pellejo.
Al viento fuerte el fin le vino, con un aguacero corto y frío.
Animales perezosos, tiempo tormentoso.
Arrebol a la mañana, a la noche es agua.
Arrebol de Oriente, agua amaneciente.
Arrebol de todos los cabos, tiempo de los diablos
Arrebol por las noches, a la mañana son soles.
Atrás de un aguacero viento menos severo.
Aurora rubí, llover luego siempre ví.
Ave de mar que busca madriguera anuncia tempestad de esta manera.
Barco a la capa, marinero a la hamaca.
Barre el cielo el Pampero después de algún aguacero.
Buque que a otro alcanza, gobernará sin tardanza.
Cielo aborregado, a los tres días mojado.
Cielo empedrado, suelo mojado.
Cielo jaspeado viento fresco, agarrado.
Cielo mellado, el otro día mojado.
Cielo rojo a la alborada cuidar que el tiempo se enfada.
Cielo rojo al amanecer, el mar se ha de mover.
Cielo rojo vespertino, la esperanza es del marino
Cielo sin nubes y estrellas sin brillo, toma a la gavia un ricillo.
Coderas y anclas cuidadas evitan tristes garreadas.
Con calma y oportunamente, dar atrás es conveniente, si choca y se va a pique, es inútil que se grite.
Con el tiempo muy seguro en el verano el sol conduce al viento de la mano
Con viento de popa y poco andar el barco se ha de atravesar.
Cuando el barómetro oscila lentamente, es que gran viento presiente.
Delfines que mucho saltan viento traen y calma espantan.

Seleccionados en Cibernáutica

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Sudoku, el origen (1)

February 20, 2006

El origen del sudoku como pasatiempo es controvertido, pero no así su éxito, ya que 2005 fue el año en el que saltó al panorama internacional, de la mano de importantes periódicos de muchos países, que los publicaron en sus secciones de pasatiempos.
Posiblemente, el pasatiempo se creó en base a los trabajos matemáticos de Leonard Euler, matemático suizo del siglo XVIII. Estrictamente, un sudoku es un cuadrado latino, término matemático que designa una matriz de n×n elementos, en la que cada casilla está ocupada por uno de n símbolos de tal modo que cada uno de ellos aparece exactamente una vez en cada columna y en cada fila. Euler los utilizó en sus cálculos de probabilidades.
Hay precedentes de editoriales americanas, a finales de los 70, y japonesas, en los 80, que lo publicaron con distintos nombres. Concretamente, el periódico Monthly Nikolist en abril de 1984 publicó con el nombre Sūji wa dokushin ni kagiru. Las primeras letras de cada palabra forman el acrónimo sudoku. En 1997 un neozelandés “descubrió” para sí el juego, y desarrolló durante años un sistema informático que permitiese generalos y resolverlos, y lo promovió en diarios de Gran Bretaña. The Times publicó el juego el 12 de noviembre de 2004 con el nombre Su Doku. A partir de ahí, la fama del juego creció exponencialmente, junto al número de publicaciones que lo ofrecen.
El sudoku es sencillo, adictivo, fácil de transportar, guardar, y cuenta con distintos niveles de dificultad, proporcionando una satisfacción relativamente rápida y grande al solucionar uno. Estrictamente, como cuadrado latino, puede tener un número indefinido de cuadrículas, y los elementos pueden ser cualesquiera: números, letras,… No obstante, el más popular y universal es el de una tabla de 9×9 con subtablas de 3×3 (llamadas regiones).
Y en cuanto a las reglas, se trata de rellenar las casillas en blanco, de modo que no haya elementos repetidos en la misma fila, columna o región.

DGV

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De como el ojo menos se engaña…

February 16, 2006
De como el ojo menos se engaña en su ejercicio más que ningún otro sentido.
A distancias apropiadas y en adecuadas circunstancias, menos se engaña el ojo en su ejercicio que sentido alguno, porque, como ya demostrararé más adelante, ve por líneas rectas que componen una pirámide cuya base descansa en el objeto y cuyo vértice apunta al ojo. Por el contrario, el oído mucho se engaña en lo tocante al lugar y distancia de sus objetos, porque los sonidos no le llegan por líneas rectas, como las del ojo, sino por líneas tortuosas y quebradas; y así muy a menudo ocurre que voces lejanas parezcan más cercanas que las próximas a causa de su trayectoria; de suerte que solamente el eco llega a este sentido en línea recta. El olfato localiza con mayor dificultad si cabe el lugar de donde un olor procede. Por su parte, el gusto y el tacto han, por conocerlo, de tocar su objeto.
(…)¿Quién no quisiera perder el oído, el olfato y el tacto más que la vista? Pero ¿por qué? Porque quién pierde la visión es como aquél que, arrancado del mundo, no puede verlo ya, ni cosa alguna de las suyas. La vida es así hermana de la muerte.

Tratado de Pintura, Leonardo da Vinci

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De las ciencias imitables

February 16, 2006

Las ciencias imitables son de tal condición que el discípulo puede emular al maestro y obtener frutos similares. Son éstas útiles al imitador, pero no se equiparan en excelencia a aquellas que no pueden dejar en herencia, como las otras materias. Entre estas ciencias imitables es primera la pintura: no se puede ésta enseñar a quién la naturaleza se la negó; muy al contrario ocurre con las matemáticas, delas que tanto obtiene el discípulo cuanto el maestro le lee. Tampoco se copia, como las letras, para las que copia y original montan por igual. Ni se fabrica con molde, cual el original. Ni alumbra infinitos retonños, como es el caso de los libros impresos. Sólo ella permanece noble; sólo ella horna a su autor y permanece preciosa y única, sin parir hijos semejantes a sí. Y tal singularidad la hace más excelente que aquellas por doquier publicadas.


Tratado de Pintura, Leonardo da Vinci

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